Reflexiones sobre el Derecho
La vocación no siempre es un camino lineal. Muchas veces, los sueños de juventud nos empujan hacia senderos diferentes: imaginar una vida tras las cámaras, entre páginas de un libro o descifrando la historia del mundo. Yo misma soñé con ser cineasta, literata, historiadora o periodista. Sin embargo, terminé caminando por los pasillos de tribunales y despachos jurídicos.
El peso de la elección
Admito que, en más de una ocasión, me pregunté si había tomado la decisión correcta al escoger Derecho. ¿Por qué no me dediqué a contar historias en la gran pantalla, a escribir novelas o a investigar el pasado? Aun así, reconozco que formarme como abogada en un país con profundas desigualdades sociales es un privilegio que debo agradecer siempre a mis padres.
Cuando la práctica da sentido
A pesar del vértigo que provoca enfrentarse a expedientes densos y a procesos llenos de tecnicismos, he encontrado en la práctica del Derecho una enorme satisfacción:
Empoderar a las personas: Brindar información clara para que un joven que fue despedido injustamente recupere la esperanza.
Dar voz al más vulnerable: Acompañar a quien ha sufrido maltrato económico o psicológico para que recobre su dignidad y luche por sus derechos.
Ofrecer consuelo: A veces, un “Ánimo, todo tiene solución” es el mejor salvavidas en medio de la incertidumbre.
Lecciones aprendidas
La justicia es imperfecta, pero es el mejor mecanismo que tenemos para equilibrar fuerzas.
El acompañamiento humano es tan importante como el conocimiento técnico. No basta con saber la ley; hay que saber escuchar, entender el miedo y validar la experiencia de cada persona.
El resultado no siempre depende de nosotros. Existen factores externos que escapan al control: demoras administrativas, limitaciones presupuestales, decisiones judiciales.
Conclusión
Elegir el Derecho no fue el destino que imaginé de niña, pero he aprendido que esta profesión puede convertirse en un instrumento de transformación social. Cada vez que consigo que alguien recupere la tranquilidad o defienda sus derechos con confianza, descubro el verdadero valor de mi elección.
Al final, el Derecho va más allá de un conjunto de normas: es una herramienta para mejorar vidas, construir puentes y restaurar la esperanza donde parecía haberse perdido. Cada caso, cada persona, merece ser escuchada y acompañada con profesionalismo y, sobre todo, con humanidad.




